martes, 14 de febrero de 2012

Posible título: Sueños

Esta historia comienza, como no podía ser de otra forma, con una tarde lluviosa de noviembre, el 27, para ser más exactos.

Los árboles lucían sus ramas desnudas que hacían chirriar una y otra vez las ventanas de la parte superior de la casa, los pájaros callaban, al igual que todas las personas que iban entrando en mi casa. Andaban todos a paso ligero, callando su dolor y su miedo, algunos agachaban la cabeza de vergüenza, nadie hablaba, no era el momento de decir lo siento, no era el mejor momento para decir nada, todos sentían un dolor interno, muchos de ellos a causa de la culpa. Nadie se atrevía a emitir un suspiro más alto que otro, no se oía ni un solo murmullo, ni una sola voz, ni un ruido, desde mi habitación.
Yo me atusaba el pelo una y otra vez, contrariada, absorta. Mi mirada se perdía en el espejo, al que miraba como si fuese a darme la solución de todo lo que pasaba.
Mi tío se ataba la corbata con perseverancia, mi madre, ella…ella no daba abasto con todo, se miraba las manos cada treinta segundos, como si ella hubiese tenido el poder de cambiar las cosas; mi padre estaba horrorizado, lloraba como un descosido, me miraba todo el tiempo, pensé que me culpaba, pero hace meses me reconoció que solo tenía miedo, miedo a que yo tomase la misma suerte.
“Ya es la hora, tienes que bajar con los demás”. –Dijo mi prima entrando en la estancia.
“Sí, solo…espera a que termine de desenredarme el pelo”. –Dije
Mi prima no dijo nada, solo se acercó, cogió el cepillo de mi mano izquierda, y empezó a pasármelo por la cabeza una y otra vez. Supongo que ella tampoco quería enfrentarse a todos los que, en ese momento, ocupaban mi salón.
Mi madre entró en la habitación, nos miró, no podía echarnos la bronca, comprendía mejor que nadie que no quisiésemos bajar, sin embargo, intentó que lo hiciésemos, a toda costa:
“Hay cientos de personas que quieren veros, estaría bien que bajaseis, sé que es duro, lo es para todos nosotros, pero es algo que debemos afrontar”. –Dijo mi madre en un breve discurso.
Las tres desfilamos una tras otra, bajando las escaleras.
Estaban todos en el salón, contemplando la impecable vitrina que contenía una urna egipcia, blanca, con motivos dorados, en la que perecían los restos de una persona que había significado todo para mí, que había estado conmigo en todo momento, que me había apoyado en todas las decisiones importantes de mi vida, la persona que…en pocas palabras: ha dado siempre todo por mí.
De repente mi padre interrumpió mis pensamientos:
“Muchas gracias por asistir, a todos. En especial a sus amigos, los de verdad, los que siempre han estado ahí, que sabían cómo lo estaba pasando, gracias a los pocos que escucharon sus problemas, que siempre echaron una mano por ayudar en todo lo posible, gracias sobre todo por secar sus lágrimas cada día, por sacarle una sonrisa, por alegrar su vida, aunque fuese por unos instantes. Gracias, gracias a todos vosotros por ayudar a que viviese un día más…”
En ese momento mi madre decidió interrumpirle para cortar el malestar que mi padre estaba suscitando entre los allí presentes:
“Bueno, creo que…creo que…(sonido de carraspear), lo hubiese querido así, hubiese querido que todos estuvieseis aquí.”
Mi madre siempre había sido más débil que mi padre, pero en aquel día y en los siguientes, demostró una firmeza increíble para una persona que había pasado tanto como ella.
Toda mi familia contenía las lágrimas, ninguno queríamos mostrar nuestros sentimientos, que se mezclaban y entrelazaban entre la tristeza y la rabia.
Desde mi sitio pude contemplar como Anahí lloraba desconsoladamente, su cara se teñía de tristeza, las mangas de su jersey blanco no podía contener más lágrimas, su pantalón negro temblaba al compás de sus piernas. No sabía que estaba pensando, pero estaba casi segura de que quería huir de allí, que quería correr bajo la lluvia hasta que sus piernas no pudiesen continuar, o el sentimiento que tanto pesaba en sus hombros la obligase a caer al suelo, en mitad de la calzada, ocasionando un enorme atasco bajo la lluvia.
Estaba casi segura de que era precisamente eso lo que quería hacer, porque era lo que deseaba yo con todas mis fuerzas. Sé que mis tacones no me hubiesen llevado muy lejos, pero quería correr, de verdad que…necesitaba hacerlo. Supongo que, si hubiese emprendido ese viaje, mis zapatos habrían sido arrojados a cualquier mercedes que pasase en aquel momento.
Mercedes, mercedes, mercedes…me repetí indudablemente, esa era la marca del coche en la que…ni si quiera podía pensarlo, si lo hacía, la imagen de su cuerpo inerte venía a mi cabeza.
Volviendo a la realidad, miré a mi alrededor, nadie decía nada, pero empezaban a caminar siguiendo una fila, dejando flores en la mesa, besando la vitrina y dándonos el pésame. Al despertar de mis vacilaciones, me encontré dando la mano a uno de los compañeros de parranda de…bueno, ya sabéis. Después pasó Anahí, su mirada…su mirada me desgarraba el alma, supongo que la mía también mostraba eso a los demás, pero yo…nunca había visto a Anahí tan afectada. Por un momento me pregunté por qué ella no estaba a este lado conmigo y con mis padres, me pareció que ella también merecía su pésame, y cuando llegó a mí, para la sorpresa de todos, la cogí entre mis brazos. La apretaba todo lo fuerte que podía, y pronto ella hizo lo mismo. Sollozamos a coro durante un buen rato, nadie se atrevió a pronunciar palabra, pero todos pensaban lo mismo: “Estos momentos tan duros son capaces de unir al perro y al gato”.
Cada vez deseaba con más fuerzas que terminase aquel horrible día, se me estaba haciendo tan pesado. Presentarme ante todos, escuchar a cientos de personas las cuales la mayoría, no merecían el perdón de nadie; parecer entera ante todos, aunque en realidad mi corazón y alma estaban destruidos...Todo esto me venía grande, enorme, solo quería desaparecer.
En cualquier otra situación hubiese contado con...para poder sobrellevarla. Pero ahora me había abandonado, había pasado a un plano superior (como dirían los creyentes), para mí seguía allí, entre nosotros, solo que no de la misma forma. Ya no podría acariciarle el pelo, hablar hasta las tantas de la madrugada; pedirle consejo en mis "tremendos" problemas de adolescente; ya no podría besarle en la mejilla; regañarle por sus estúpidas ocurrencias; mirarle a los ojos y sin decir nada, entender todo lo que quería expresar; nunca más podría escuchar su sonora risa; ver sus bonitos ojos; mañana no vería el Sol, sus ojos no contemplarían el eclipse de Luna, sus manos no se entrelazarían en mi pelo mientras lo cepillaba. Ya nada volvería a ser como antes...pero nunca le olvidaría.
Cuando todos se marcharon y ya solo quedaban los familiares más cercanos, me retiré a mi habitación, no quería ver a nadie, solo quería olvidarlo todo, sellar aquel horroroso día en lo más profundo de mi ser y no recordarlo jamás.
Al poco tiempo llamaron a la puerta, era mi madre que me traía el teléfono:
"Pregunta por ti, deberías contestar."-Dijo mi madre con un hilo de voz.
Debería, vaya, todo poco a poco se estaba convirtiendo en obligaciones... Pesadas obligaciones que no quería asumir. Estaba harta de todo y cada vez más, ¡se había muerto! Sí, ¡lo había hecho! Y yo no podía hacer nada para impedirlo, no podía hacerle regresar, y me dolía, me ardía el cuerpo demasiado y solo me enfrentaba a millones de cosas que no quería que pasasen. Yo...no quería el pésame de cientos de personas, no quería contestar a ese maldito teléfono, igual que no quise contestar hace tres días cuando me llamaron estando en la universidad.
En el momento de la llamada hace tres días, pensaba que ese examen era lo más horrible que me podía pasar, pero al salir de clase con el decano y coger el teléfono de su despacho, descubrí que había algo aún más horrible...¡era tan joven! ¿¡Cómo!? ¿¡Cómo pudieron arrebatárnoslo!?
Esa última pregunta no solo sonó en mi cabeza, sino que rebotó en la habitación, no podía haber evitado decirlo en alto. Miré a mi madre, que estaba sobresaltada, no habíamos hablado de ello en estos días, no mencionábamos ni si quiera el tema. Todos llorábamos por las esquinas, pero a escondidas era cuando realmente sufríamos, ninguno expresábamos nuestros sentimientos a los demás, supongo que era por lo duro que se nos estaba haciendo. Tal vez cuando lo hubiésemos asumido un poco más, sería más fácil hablar de ello, no abiertamente, pero por lo menos pronunciarlo.
Mi madre me acercó el teléfono y salió de la habitación sin emitir palabra alguna. La oí bajar las escaleras sollozando y murmurando entre dientes, pero no me dijo nada...Ya nunca decía nada.
Contesté al telófono, al otro lado, para mi tan inesperada sorpresa, estaba Anahí, esperando a que dejase atras mis pensamientos y hablase con ella.
-"Siento no haber contestado antes...Yo..."
+"Tranquila, te entiendo perfectamente" -Respondía la voz hueca de Anahí al otro lado del teléfono.
-"Hoy no ha sido un buen día, ¿verdad?"
+"Para nadie...pero, supongo que para nosotras muchísimo menos. Bueno, y para tu familia."
-"Sí, la verdad es que nos sobrepasa a todos y ninguno hablamos de ello"
+"¿Por qué? ¿No tienes comunicación con tus padres?
-"Sí, claro que sí. Siempre la he tenido, es solo que...todo esto nos viene enorme."
+"Entiendo..."
-"La verdad es que agradezco que me llamaras, yo no hubiese podido hacerlo y...quería hablar contigo."
+"Bueno, me ha costado un poco decidirme a marcar tú número... He tenido varios intentos, pero me daba miedo porque sabía que...ya no me cogería el teléfono..."
-"¡Oh, es verdad! Lo siento, la espera se te tiene que haber hecho dura... Si lo hubiese sabido, hubiese contestado antes."
+"Tranquila, no pasa nada... Es normal. Bueno, ¿de qué querías hablar conmigo?
-"La verdad es que no lo sé... Me hubiese gustado preguntarte muchas cosas, pero ahora solo me viene una a la cabeza. Le querías mucho, ¿verdad?"
+"Muchísimo, hasta llegar a dolerme. Pensaba que no podía dolerme más pero... ahora veo que es posible. Creo que llegué a amarle, pero nunca le dije nada..."
-"Él lo sabía, yo creo que lo sabía..."
+"Yo quiero creer que lo sabía... se lo dije la noche de antes de que... aunque estuviese pedo, muy pedo, creo que él lo sabía"
-"¿Por qué lo hizo?"
+"No lo sé. Llevaba un tiempo un poco raro, pero yo pensaba que sabía que contaba conmigo para todo, parace que no fue así..."
-"Era demasiado joven, demasiado... (Sollozando) ¡Joder...era mi hermano! No podía morir, no todavía, le quedaban tantas cosas por hacer..."
+"No llores, él no lo querría. Odiaba verte llorar."
-"¿Hablabáis de mí?"
+"Muchas veces. Eras lo más importante para tu hermano. Hablaba de ti constantemente, te tenía en un pedestal. Llegué incluso a tenerte envidia, sé que para él nunca hubiese sido la mitad de importante que tú."
-"¡Que tonterías dices! Mi hermano te quería con locura, no había día que no me hablase de ti. Le tenías enamorado."
+"No sé yo si tanto, me la jugó unas cuantas veces."
-"Sí, pero... eso fue al principio. ¿No?"
+"Pensaba que no lo sabías como... bueno, nunca nos hemos llevado muy bien. Pensaba que solo sabías mis errores."
-"Para nada, mi hermano me lo contaba todo. Sabía lo tuyo, lo suyo, todo. Si tú y yo no hemos llegado a mantener una relación cordial ha sido por nuestra cabezonería, si hubiese sido por lo que te quería mi hermano, te hubiese cogido muchísimo aprecio, pero yo... sentía que no estaba bien que se atase tan pronto a la misma persona. Mi tia Isabel hizo lo mismo y lo pasó realmente mal cuando murió...cuando murió mi tio..."
No me había dado cuenta de lo que había desencadenado diciendo eso. Ahora sabía que Anahí tenía claro que si hablaba con ella era porque en el fondo sentía pena, porque sabía por lo que estaba pasando, porque ahora mismo era la única persona con la que podía hablar abiertamente de mi hermano, sin tapujos, sin rodeos, expresando todo aquello que sentía.
+"Ahora la entiendo más que nunca"
-"Lo siento, no quería haber dicho eso. Sé lo mal que lo debes estar pasando."
+"No importa, es lo que pensabas en ese momento. Yo tampoco quería atarme tan pronto, llevábamos 5 años juntos y solo teníamos 20, pero es que tu hermano se hacía querer cada día. Todo lo que me ha hecho sentir durante estos años... me va a costar mucho llegar a sentir algo por alguien. Aunque la verdad es que ahora no me planteo la idea de pasar de página y no sé si lo haré algún día."
-"Te entiendo perfectamente, era mi hermano. Te mentiría si te dijese que me encantaría que dentro dos meses hubieses conocido a tu hombre ideal y te hubieses olvidado de mi hermano. Pero, de todas formas, no te digo que ahora mismo, pero debes pasar página aunque sea duro."
+"Lo sé, y supongo que algún día pasaré página, lo que no sé es cuándo..."
Mi madre aporreó la puerta para avisarme de que la cena estaba preparada, no sabía si bajar a cenar, en el comedor solo me esperaban platos de comida precocinada, (mi madre llevaba sin cocinar estos tres días y no la podía decir nada porque la entendía perfectamente) y caras desoladas por la tristeza... No sabía que era mejor, si llorarle a Anahí mis penas y ella a mí, o ver la cara apagada de mis padres y familiares cercanos.

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