domingo, 10 de junio de 2012

Olvido...

En el vértigo de la cuestión me asusto y vuelvo atrás, doy dos pasos adelante, con miedo, con los dedos compungidos del estrés, y me vuelvo, y ahí está, me asusto de nuevo.
Es oscuro, tiene la cara tapada y me toca fríamente, el mal se siente en sus garras, es una sensación extraña, me hace sentir cosas que... nunca había sentido.
Tira de mí hacia él, me sujeta indomablemente en un hilo, pero no me deja caer, ni ahora ni en ningún momento. Me tiende su brazo y me invita a volar, le sigo asustada aún sin creer.
-¿Dónde me llevas? -Pregunto
+Te dará igual cuando estemos allí -Cuestiona
Le sigo sin más y me dejo llevar por la absurda brisa de la razón, que se apodera de mí.
¿Cómo llegué aquí? En realidad, ¿dónde estoy?
Lo que quiera que sea me aleja cada vez más de donde aparecí, me saca de allí volando.
Nos acercamos a un precioso lugar, un prado en la más perfecta llanura.
Los animales juegan a sus anchas sin miedo al ser siniestro, las flores decoran el paisaje en abundancia y los niños corretean de un lugar a otro sin percatarse de nuestra llegada, mujeres recogen agua en cántaros en un pozo cercano a nosotros, todo es perfecto, creo cada vez con más seguridad encontrarme en el cielo, pero...¿cuándo he muerto?
El ser que me lleva entre sus brazos me agarra cada vez con más fuerza y sigue volando conmigo.
Parece que esta no era nuestra parada, seguimos colgados en el aire sin ningún embrujo ni cuerda que nos sujete, cada vez siento menos miedo a que me suelte, me gusta estar entre sus brazos, me hace sentir tanto...
Nos acercamos a lo alto de una montaña, descendemos lentamente y me posa encima de una gran piedra, me mira fijamente a los ojos, lo sé porque me coge las manos con fuerza, intento desnudar su mente, es tan...diferente...
Creo cada vez con más ímpetu que se trata de un ángel, un ser divino se ha apiadado de mi alma.
Me hace andar tras él, sujetándome las manos con fuerza, y se para. Callados, solo podemos mirarnos. Quiero, anhelo, deseo rozar su cara. Mis manos se acercan lentamente a su rostro y lo acarician una y otra vez, sin miedo, el ángel se aleja de mí de un respingo, me acerco a él, segura, y él se acerca a mí aún dubitativo, me sujeta fuertemente por mi largo y sedoso pelo, ahora blanco, acercamos nuestros labios y los sellamos en un esperado beso.
Su lengua sedosa se adentra en mi boca encontrándose una y otra vez con la mía, nos agarramos por la cintura una y otra vez, dibujos sus curvas con mis dedos desde sus hombros hasta sus turgentes muslos, aprieta mis senos con firmeza y nos fundimos en un interminable abrazo.
Intento quitarle la capa, pero no quiere desvelar su rostro...
-Házlo, no tendré miedo. -Aseguro.
El momento más emocionante llega, poco a poco deja asomar su rostro, se dibuja una piel blanca y turgente, y unos ojos azules tan puros y claros como el hielo, tiene una nariz pequeña dibujada con un trazo firme y seguro, sus labios carnosos pintados de rojo brillan ante la luz de sus dientes, su pelo rubio largo y sedoso se deja caer encima de sus hombros.
Deja caer la túnica y puedo admirar su perfecto cuerpo. Como una auténtica ninfa mueve sus brazos cubiertos suavemente por las mangas de un vestido rojo.
Ahora cojo su mano con aún más fuerza, bailamos las dos en lo alto de la montaña, abrazando los recuerdos y besando los momentos.
Pero, de repente, nos acercamos demasiado al vacío, y me empuja, me hace caer despojándome de lo hasta ahora conocido, caigo y no grito, no sé gritar, ni si quiera moverme, y despierto en un lugar desconocido.


Lo que parece una enfermera me despierta, estoy en una habitación pálida y fría que no sé reconocer, observo que la enfermera me inyecta algo con una aguja gigante.
Me intento defender, me está atacando, cojo un bisturí que veo cerca y despiadadamente le intento cortar desde la muñeca, pero una mano me para, me quita el bisturí y parece llamar a su gente, porque vienen cada vez más, y me sujetan y me atan a la cama.
Comienzo a llorar, no sé lo que hago aquí, solo quiero despertarme de la pesadilla, solo quiero irme a mi casa, pero...¿dónde está? No lo recuerdo.
¡Mis manos, mis manos están viejas y arrugada; mis uñas antes limadas y largas ahora estás cortas! Visto con ropa blanca, larga y blanca...
Miro a la derecha, hay un cristal, una mujer y dos niños pequeños me miran y lloran, les doy pena y comprendo el por qué, la mujer posa su mano sobre el cristal, parece angustiada, está nerviosa por mi comportamiento, sus llantos desgarran lentamente sus alma, mientras que yo grito sin poder parar, quiero liberarme de las cuerdas, quiero salir de la habitación e irme con aquel ángel que me salvó.
-¿Dónde? ¿Dónde está? ¿Dónde? -Pregunto una y otra vez sin obtener respuesta.
Ahora también me sujetan los pies a la cama, no quieren que escape y no entiendo por qué, ¿a caso me hace algún bien estar aquí?
Me administran un sedante, me relajo lentamente, mi fuerza empieza a flaquecer, me dejo caer sobra la cama.
Entonces entran la mujer y los niños, los niños están muy asustados, parece que la mujer casi les obliga a entrar, les habla de mí, se refiere a mi persona como su abuela.
¿¡Abuela!? Caigo sorprendida...¡Esa mujer es mi hija!
Me mareo, no quiero saber más, mi mente recuerda de repente el momento en el que caía al vacío, intento seguir arriba pero no consigo estabilizarme, me desplomo, me dejo abatir, caigo al vacío...al vacío del olvido.


Es triste ver cómo ya no recuerdas nada, ni a las personas que amabas, ni a las que creíste amar, ni si quiera tus manos, ni tu pelo, ni tu rostro, ni a tus hijos...
Pero para ellos es más doloroso aún ver cómo no les recuerdas, como todo en lo que creías se desvaneció con el paso del tiempo, como los recuerdos felices de Navidad solo quedan en temibles alusiones al espacio, no saber si estás casada, si te divorciaste, si tienes cincuenta o setenta y cuatro años.
Es tan duro, tan cruel olvidar todo aquello por lo que una vez fuiste feliz, tan amargo, angustioso, hiriente, que quizás preferirías estar muerto.
Yo ahora lo prefiero, mi nietos me miran con tanta pena engullida en sus pequeños huesos que se me despedaza el aliento, mi hija sonríe todo el tiempo intentando no derramar una lágrima de nostalgia, las flores que me trajeron, según ellos la semana pasada, empiezan a marchitarse al igual que lo está haciendo mi cerebro, rápidamente y sin ninguna objeción en mi contra. Siento impotencia por no poder decir nada a esas personas que ahora se preocupan por mí y por las que, según quiero creer, yo me preocupé una vez.
Mis nietos corretean por la estancia, la más pequeña va cantando el abecedario detrás del mayor, que canta la tabla del dos. Es un momento precioso de recordar, triste es, que no resuene en mí mañana.
Se acerca la hora de irse, mi hija me deja bombones, sonríe constantemente y me propina un abrazo que casi me corta la respiración, antes de ponerle la chaqueta a sus hijos. Después todos se despiden de mí con un beso en la mejilla.
Antes de cerrar la puerta y marcharse, ella se gira hacia a mí para verme por última vez hoy, no puede evitar que una lágrima se derrame por sus facciones, cierra la puerta y se marchan, dejándome sola con mi desgana y soledad, intentando recordar algo que me lleve a algún lugar. Pero no puedo, no consigo recordar más allá de hoy, y cada vez que intento recordar lo que ha sucedido con más claridad, se me olvida algo...Sufro, no paro de llorar, quiero acabar con este lamentable estado, morirme y que mis familiarse se dejen de preocupar por mí, desvanecerme en el olvido, como lo hizo mi mente no sé en qué momento de mi vida...

2 comentarios: