martes, 21 de agosto de 2012

Mejor dejar que hable el viento.


Iba por la calle andando hacia mi casa, cabizbaja y con las ilusiones por los suelos. No me di cuenta de que estaba en esa misma calle esperando a que alguien le abriera.
-¡Qué guapa estás!-Exclamó. Disminuí la marcha esperando a que dijera algo más.
+Gracias-Respondí.
-Tienes mala cara. –Contestó. Entonces me paré frente a él.
+¿Estoy guapa y tengo mala cara?
-Se te ve triste, incluso me has respondido.
+Hoy no es mi día de suerte.
-¿Qué te ha pasado?
+He ido a una entrevista hasta a tomar por culo para que no haya ninguna oficina. Soy incapaz de cumplir mis objetivos, de crecer; no paro de discutir con mis padres y mis planes de abandonar el nido e irme de esta mierda de país a Italia, se ven cada vez más frustrados. Lo único que quiero es irme de aquí, ir a Italia y dejar atrás todo esto, irme con Rubén allí y poder ser felices juntos. Lejos de mis padres, de los suyos, y de toda esta mierda que nos rodea llamada España.
-Lo siento. –Afirmó sin más. Me miró a los ojos como pocas veces lo había hecho, me quitó las gafas de Sol para poder verlos con claridad y simplemente, me estrechó entre sus brazos con todas sus fuerzas. Supo, por primera vez, hacerme sentir como necesitaba sentirme en ese momento, arropada.
Correspondí el abrazo y relajándome de tanta tensión acumulada, dejé resbalar mis lágrimas por las mejillas.
Después, volviendo a la realidad, le miré por última vez, me alejé de sus brazos y me fui, dejando que el aire consumiera nuestros últimos recuerdos.

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