Él me hacía sentir bien, viva. Realmente necesitaba a
un amigo como él en estos momentos.
Desde que mi hermano se marchó para siempre de
nuestras vidas no había encontrado la forma de hablar con ningún amigo, con mis
padres, con nadie. Empecé a pensar que ya era hora de devolver algunas llamadas
que tenía pendientes.
Al día siguiente, después de la universidad llamé a
Elle y quedé con ella para tomar algo en el Mulligans. Lo pasamos bien. Nos
pusimos al día y me contó algo de un chico nuevo al que había conocido. Echaba
de menos esa sensación de estar arropada por mis amigos y Elle, ella sabía cómo
hacer que me olvidara de todo lo malo. Tenía ese don.
Al volver a casa alguien me esperaba en la puerta.
Alguien a quien hasta ese día, nunca había visto. Era un chico rubio, con unos
ojos azules inmensos que centelleaban a la luz de la luna, su tez, más pálida
que el gélido hielo, su nariz pequeña y sus labios jugosos como un pomelo. Vestía
una chaqueta de cuero, un jersey azul y unos jeans bastante rotos por los
bajos, junto con una cadena que colgaba de estos y unas zapatillas nike
básicas.
Al verme se limitó a sonreír y levantó la mano como si
nos conociéramos. Yo, entre asustada-conmocionada e ilusionada-enloquecida
levanté la cabeza saludando y sonreí.
-¡Hola! Me llamo Gabriel. Era… bueno, era amigo de tu
hermano. Yo… solo quería conocerte. Vine al entierro pero… no me atreví a saludar
a nadie de tu familia.
-¡Ah! ¡Hola! –Dije. Ahora con cara de desilusión. En
dos días había conseguido que mi estado de ánimo mejorara rodeándome de las
personas que me habían ofrecido su apoyo incondicional y me habían hecho
olvidar el tema de mi hermano durante un rato. Pero por lo que creía que iba a
pasar, ese tema iba a volver de nuevo. Y no me iba a abandonar nunca.
-Siento… siento presentarme así. Ni si quiera sabía
cómo hacerlo es solo que… bueno, quería conocerte.
-Claro. No importa. La verdad es que me extraña un
poco todo esto. Pensaba que conocía a todos los amigos de mi hermano.
-Bueno, no salía con nosotros siempre. Somos… los
amigos de la universidad. Salíamos con él de vez en cuando pero luego empezó a
ser algo habitual.
-Entiendo.
-Tú hermano hablaba muy bien de ti. La verdad es que
los otros chicos querían conocerte, todos lo queríamos. Pero él, bueno, ya
sabes cómo era…
-Muy protector.
-Sí, exacto. Él no quería que ninguno de nosotros se
acercara a ti.
-Y…ahora que no está. Piensas en venir a conocerme.
–Me empecé a asustar. Mis palabras calaron en mí como si fueran la pista
definitiva de un crimen, y yo no quería ser la futura víctima. Me empecé a
echar atrás y abrí mi bolso lentamente para buscar el spray.
-Bueno. Solo quería darte el pésame en persona y
decirte que me siento culpable.
-Vaya… - Esas palabras no me hicieron sentir mucho
mejor. Terminé de abrir el bolso mientras le miraba fijamente, esperando que no
se acercara a mí.
-Creo que te estoy asustando y no es mi intención.
Debería explicarme. Tu hermano consumía drogas.
-¿Qué? No, no, no… Eso no es cierto…
-Sí, sí lo es, y yo también. Al principio de curso
empezamos a irnos con unos chavales que fumaban porros.
-Bueno, no es que sean drogas duras.
-Sí, lo sé. Pero eso no fue todo… Empezamos a ir a
unas fiestas, una tras otra y tras otra. Parecían no terminar nunca. A veces
incluso las empalmábamos. Pero poco a poco dejamos de aguantar el ritmo del
resto, queríamos sacarnos los exámenes y queríamos ir de fiesta. Las dos cosas
eran… totalmente incompatibles.
-Así que, ¿qué? ¿anfetas?
-Bueno. Empezamos por unas anfetas para sacar el
curso… ya sabes. Y luego la cosa empezó a desmadrarse un poco… Mira, solo sé
que tu hermano debía dinero a unos tipos y que… puede que eso explique muchas
cosas.
-¿Qué estás queriendo decir?
-Verás, creo que tu hermano…. –Dijo antes de que mis
padres aparecieran de repente en la escena irrumpiendo con el coche.
-¡Hola mamá! ¡Hola papá!
-¡Hola cariño! ¿Podéis apartaros un poco?
-¡Oh claro! Lo siento. –Dijo Gabriel apartándose de la
puerta.
-¿Tu amigo se va a quedar a cenar Marta?
-No, creo que ya se iba.
-Muy bien. Nos vemos dentro. –Dijo mientras el coche
avanzaba hacia dentro del garaje.
-Creo que debería irme y… creo que tendríamos que
hablar de esto en otro momento.
-Espera… dame tu número.
-¡Claro! –Dijo mientras sacaba una nota del bolsillo y
lo apuntaba.
-Gracias. Mañana…mañana, ¿podría llamarte?
-Por supuesto. Esperaré tu llamada.
-Gracias por la visita aunque…
-Aunque haya sido rara…
-¡Exacto!
-No te preocupes. Yo no quiero hacerte daño. Era un
gran amigo de tu hermano. Era un gran tipo. Era el mejor y… bueno, solo quería que
lo supieras.
-Está bien.
-Sé que son duras las cosas que te he dicho pero creo
que una hermana se merece la verdad. Y más si están tan unidos.
-Sí. Eso creo…
-La verdad es que… si estás dispuesta a escuchar…
Quiero que sepas que las cosas que quedan por oír no son mucho mejores.
-Estoy dispuesta a escuchar.
-Muy bien. Esperaré tu llamada, entonces. ¡Adiós!
–Dijo alejándose, mientras se encendía un cigarrillo.
Entré en casa hecha un mar de dudas, no sabía qué
hacer en ese momento, me acababan de decir que mi hermano, la persona en la que
más confiaba, mi modelo a seguir, consumía drogas, que debía dinero a unos
tipos y que… y que eso explicaba muchas cosas. ¿Y qué cojones quería decir eso?
¿A caso la muerte de mi hermano no fue un suicidio? ¿Alguien tuvo algo qué ver?
La verdad es que por una parte la idea de pensar que
tal vez mi hermano no se había quitado la vida me tranquilizaba, me hacía
pensar que aún confiaba en mí cuando se fue, que si hubiera estado en depresión
se hubiera abierto a mí como tantas otras veces y habríamos estado horas
charlando en su habitación. Por otra parte, la idea de que consumiera drogas y
debiera pasta a unos tipos, los cuales me imaginaba como armarios de tres
puertas y navajas hasta en los codos, no me hacía especial ilusión. Más bien me
atemorizaba, ¿querrían esos tipos su dinero y vendrían a por mi familia? ¿Vendrían
a por mí? Uff…¡prefería no pensarlo!
Intenté hacer de todo para distraerme, ayudé a mis
padres a colocar la compra, a mi madre a hacer la cena, puse la mesa, hablé con
mis tíos, estuve viendo la tele, llamé a Anahí y estuvimos hablando largo y
tendido. Pero cuando llegó la hora de dormir y la Luna resplandecía en el
inmenso cielo, con ella llegaron mis dudas, mis preguntas, mis miedos… Acabé
durmiéndome con una pregunta resonando aún en mi cabeza: ¿fue mi hermano
asesinado?
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