Aquí estoy, de nuevo, tumbada en mi cama, esperando a que el tiempo pase y me de una respuesta a cada una de mis preguntas, que solucione uno a uno mis problemas y calme mis dudas. Pero eso no pasa. Miro el móvil, ¿y qué veo? NADA, que es básicamente lo que llevo viendo durante unos meses.
La hora que veo representa los días que llevo llorando por ti. Las 4 y media, 108 horas interminables en las que solo pensaba en tu mirada. La que un día quisiste rogarme y años después has decidido arrebatarme.
Si te digo la verdad, ya no sé por qué estoy aquí, colgada de tu alma como si se tratara de la mía propia, descansando cada día en el pensamiento de lo mucho que te quiero, cuando tú no das por mí ni la mitad de lo que comencé a dar aquel día de primeros de mes.
Empiezo a pensar que esto solo es un engaño, que esas veces en las que pronunciabas mi nombre y sonreías, solo eran imaginaciones mías, que cuando decías esas 8 letras, realmente no sabías lo que significaban. A veces incluso me engaño a mí misma y quiero creer que todo esto es la verdadera mentira, y que estos últimos meses nunca han pasado.
Que tú y yo seguimos ahí, en aquel parque donde pasamos tantas horas juntos, donde aquellos árboles y unos pocos bancos eran testigos del amor que nos teníamos, de los dulces besos y abrazos que acariciaban mi corazón y contemplaban mi infantil alma. Porque cuando te conocí apenas era una niña y me hice mujer y crecí junto a ti.
Pero ahora, que las cinco están próximas, las dudas me queman, aunque no más que tus palabras fortuitas y todos esos besos y abrazos que tanto anhelo y tú no sabes darme.
Y en realidad no sé si es por otra o por mí. Pero ahora, con mi barbilla sobre las rodillas, las piernas dobladas, la espalda apoyada en el cabecero y mi cabeza llena de preguntas sé, con más claridad que nunca, que nada de esto es por mi culpa.
Sé que si llegamos hasta aquí fue por mí, por todas aquellas veces que luché por lo que sabía que sentía, porque creía en ti y en que podías cambiar y convertirte en el chico en el que me enamoré, porque desoí a todos aquellos que me dieron el consejo de abandonarte en mitad del camino y continuar por el mío propio.
Pero ahora, desoyendo a mi corazón y pensando por una vez con la cabeza, puede que me plantee empezar a usarla, bloquear mis sentimientos y dejar de pensar en ti, porque primero estoy yo y mi sufrimiento, mi pobre corazón dañado, que no sé si algún día podrá perdonarme por todo el dolor que le he causado.
Porque ahora voy a levantar la cabeza de tus pies y dejar de besar por donde pises, porque me he dado cuenta de que esto no es lo que quiero, que lo que quiero es poner mis propios pies en el suelo, caminar sola si es lo que necesito, y apoyarme en cuantas personas me ayuden a andar. Sobre todo porque tú nunca allanaste el camino, no me ayudaste a continuar caminando de tu mano, hiciste que tirara de ti hasta lo alto de la montaña. Y lo hice, lo hice cada una de las veces que me lo pediste, más de un millón de veces navegué junto a ti a contracorriente, con la mala suerte de que todas ellas volví a naufragar.
Muchas personas han sido las que me rescataron de ese mar y sus temibles criaturas: los celos, las dudas, los miedos, las discusiones, los gritos... Pero ninguna de ellas fuiste tú.
Y ahora yo seguiré adelante, acompañada de esas personas e intentando abandonar el buque donde te dejé.
debbie..me ha encantado porque ahora mismo hace unos minutos he hablado cne l y nos hemos dado un tiempo... y al leer lo que has escrito..me doy cuenta de que eres increible y que gracias por todo! te quiero
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