Y con la misma pregunta me desperté
sobresaltada al día siguiente. Mi cabeza estaba hecha un caos, casi me daba
vueltas la habitación al recordar la conversación de ayer con Gabriel.
Necesitaba urgentemente una ducha que despejara mis ideas y centrara mis
pensamientos en lo que tenía qué hacer hoy: ir a la universidad, aguantar seis
horas a mis profesores, quedar con mis compañeros para empezar el trabajo sobre
el arte griego y sus influencias y, si me daba tiempo, ver un rato a mis
amigos. Hoy era “juernes” y quería aprovecharlo.
Después de la muerte de mi hermano estuve un
tiempo sin salir y, aunque había devuelto algunas llamadas y había quedado con
Eli (Elle), mi mejor amiga, todavía tenía que ver al grupo. Además, tenía que
hablar con el misterioso Gabriel.
La ducha me sentó bien, despejó mis neuronas y
me preparó para mi primera clase: Museografía y museología. La verdad es que
era de las más divertidas y el profesor era bastante agradable.
A la hora de comer me encontré con Alberto,
estaba ahí, sentado en la cafetería, tomándose un sándwich de pavo y pasando a
limpio unos apuntes. Sus penetrantes ojos verdes se adentraban en la hoja de
papel, mientras que sus jugosos labios sostenían el emparedado.
Me acerqué a él sigilosamente, intentando que
no me escuchara, quería asustarle un poquito.
-¡Buh! –Exclamé de repente.
-¡Oh vaya! ¿Qué tal?
-Bien y ¿tú?
-Pues ya ves, almorzando. ¿Qué tal lo vas
llevando? ¿Necesitas otra visita?
-No, gracias. Las cosas se van relajando en
casa, mis tíos se irán mañana y no han estado tan pesados últimamente. Parece
que tu visita les relajó. Todo parece volver a la normalidad. O bueno… casi
todo. –Dije, pensando en mi extraña conversación con Gabriel.
-Me alegro mucho de que las cosas anden mejor
en tu vida. No quiero volver a verte mal. Ahora tengo que hacer el papel de tu
hermano mayor, así que te cuidaré como tal, hermanita. –Me anunció, mientras me
guiñaba un ojo.
-¡Oh! ¿¡Un nuevo hermano!? No sé si estoy
preparada para volver a gritarme con alguien todos los días. Jajaja En fin…
quería hablarte de un asunto un poco más serio, la verdad.
-Mmmm, ¡claro! Estoy aquí para lo que sea.
-Bueno es sobre… sobre mi hermano. Vosotros
erais grandes amigos, ¿verdad?
-Los mejores, ya lo sabes.
-¿Conocías a todos sus amigos?
-Sí, eso creo.
-¿Te habló alguna vez sobre algún lío en el
que estuviera metido? ¿Algún asunto relacionado con…? –Y justo en ese momento
mi teléfono comenzó a sonar y, estrepitosamente, interrumpió nuestra
conversación. Curiosamente era Gabriel. Me dijo que se había pasado por mi casa
y que uno de mis tíos, mi tío Carl, más concretamente, le había dado mi número.
Que si podía quedar con él mañana para tomar algo y hablar un poco. Le dije que
sí, que podríamos quedar por la tarde, a las cinco estaría bien. Él pasaría a
recogerme.
-Bueno, ¿qué me ibas a decir?
-Nada, ya… ya da igual. No tiene importancia.
Bueno, creo que me voy, se me ha hecho un poco tarde y tengo clase.
-Sí. Si quieres hablar de lo que sea, ya sabes
dónde encontrarme.
-¡Claro!
-¡Marta!
-Dime.
-Te digan lo que te digan, tu hermano era un
buen tipo que se dejó guiar, solo… solo es eso. Se dejó guiar por malas
influencias pero nunca hizo nada. –Me confesó, para mi sorpresa. Al parecer él
sabía más de lo que yo me imaginaba de todo esto.
-Alberto, ¿Por qué no me has hablado de nada
de eso?
-Marta, hazme caso cuando te digo que ya sabes
demasiado. No te acerques a esa gente.
-Pero Alberto, quiero saber qué pasó
realmente.
-Marta, tu hermano estaba hasta las cejas de
mierda cuando conducía su moto, se estrelló. Bien pudo ser un accidente o un
suicidio por todo lo que le rodeaba en ese momento. Pero no hay nada más
detrás. No investigues.
-¿Y por qué me dices esto entonces?
-Porque sé lo que crees y, siento ser yo quien
te de la noticia pero… las cosas nos son como las quieres ver. Tu hermano se fue
con quien no debía, cometió errores, la cagó… pero ¡ya está! Eso es todo. Lo
siento por tener que decírtelo y por tener que ser tan duro con todo esto.
Sabes que me importas mucho, siempre has sido como mi hermana pequeña. Así que
no juegues con un equipo que puede calcinarte en la primera parte del partido.
-No entiendo nada, Alberto. Y sobre todo, no
entiendo por qué no le paraste.
-Tu hermano ya era mayorcito para saber lo que
hacía.
-Sí, pero tú eras su mejor amigo. Él nunca te
hubiera dejado hacer lo que querías.
-¿Y qué te crees, que no intenté pararle? ¿De
verdad piensas que no le dije una y otra vez dónde se estaba metiendo?
-Y si sabes todo eso, también sabrás que le
debía dinero a unos tipos.
-Sí, me habló del tema. Pero ahí se quedó. Eso
no tiene nada que ver con lo que pasó.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-Porque es lo que debe ser. ¡Y ya está! No hay
que darle más vueltas a algo que no tiene solución.
-Pues yo creo que sí Alberto, sí que hay que
darle vueltas, porque puede que si hubieras irrumpido en sus aventuras y le
hubieras maniatado a la silla giratoria de su habitación, ahora mi hermano
estaría vivo. Así que, fuera como fuera, aunque sea porque iba hasta las
trancas de anfetas, de hachís, de LSD o coca. Esa otra vida que tenía y que
nadie de mi familia parecía conocer, fue lo que acabó con mi hermano. Y siento
decirte que tengo todo el derecho del mundo a conocer la verdad y a saber ¡por
qué cojones decidió meterse a esa mierda! –Dije mientras me iba. No quería
escuchar una palabra más. Sabía que Alberto solo intentaba protegerme, pero él
no era mi hermano, mi hermano ya no estaba allí, ya no podría volver a culparle
de tardar horas en el baño cuando yo tenía que arreglarme corriendo para irme,
ya no podría tener discusiones estúpidas por el ordenador, por la tele o por a
quien le tocaba limpiar los platos. Nunca más le oiría llegar a las tres de la
mañana después de una buena juerga, esas juergas que habían acabado con él, drásticamente.
Yo solo quería conocer la verdad, así que no
me giré ni una sola vez mientras Alberto gritaba mi nombre. Seguí hacia
delante, con la cabeza bien alta y el ego realmente por los suelos. Creo que en
parte le culpaba de todo aquello. Pero tenía buenas razones para hacerlo, eran
muy amigos, ¿no podía haberle retenido y haber hecho que dejara todo ese
mundillo?
Por la tarde estuve con los de clase
planificando el trabajo y qué parte haría cada uno. La verdad es que eran muy
divertidos. Cristina era una chica pelirroja, con ojos color miel, nariz
pequeña, labios finos y la tez muy blanca. Era de estatura media, sus piernas
eran delgadas, largas, resultonas, tenía caderas anchas pero no estaba gordita
y un busto bastante sobresaliente a la vista. La verdad es que con un buen
escote hasta a una mujer le hubiera costado mirarle a la cara. Maya era morena
de piel, con los ojos oscuros como la noche, la nariz chata y unos labios muy
gruesos, algo bastante propio de la raza surafricana. Era algo más alta que
nosotras dos, posiblemente estaría cerca del metro ochenta, era muy delgadita,
lo que mi abuela calificaría como “palillo”, y tenía un busto normal. Las dos
se vestían bien, iban a la moda. Vaqueros ceñidos, jerseys de pico o camisetas
sobre las que se ponían las típicas chaquetas de punto y pañuelos de diferentes
colores, todo a juego con zapatos, bolso y pendientes y, bueno, en el caso de
Cris, también si podía con las sombras de los ojos.
Luego estaban los chicos, Lucas y Caleb, Lucas
era algo normalito, moreno, tez blanca, ojos oscuros y almendrados, nariz
saliente, labios finos y una… llamémosle intento de barba, que la verdad es que
no era muy poblada. De estatura media, más bien bajito, muy delgado, también se
le podría calificar como “palillo”. Vestía bastante bien, pero demasiado pijo
para mi gusto, siempre muy arregladito y pocas veces informal. Y bueno, Caleb
era de esos chicos, de esos que te quitan el hipo cuando los ves, que todas las
chicas se giran para mirarlos, esa clase de hombres despampanantes que hacen
que odies a cada chica que está con ellos porque sabes que tú no tendrías
ninguna posibilidad. Pero bueno, ese no era mi caso, más bien al contrario.
Aprovechaba cualquier oportunidad para tirarme
los tejos pero yo siempre le rechazaba, no quería ser una de esas que pasaban
por su cama y se quedaba en eso. Si tenía algo con él, quería que fuera algo de
verdad. Sabía que con la labia que tenía, su inteligencia y sobretodo, su
apariencia, podría tener a casi cualquier chica. Pero yo no quería ser una más
en la lista, quería ser la única. Por eso por el momento había decidido que
como amigos estábamos mejor.
Bueno, como iba diciendo, era uno de esos
chicos, ya os lo podéis imaginar, alto, rubio, ojos verdes centelleantes y
expresivos, corrijo, enormes ojos verdes centelleantes y expresivos, nariz
“Romana” (ya sabéis, como la de Tom Cruise), labios jugosos y carnosos, pero no
grandes y repulsivos, (hombres con labios grandes no por favor), sonrisa...
puff… tenía esa sonrisa de locura, esa sonrisa de niño que te hace querer
regalarle hasta tu casa. Sus hombros eran perfectos, sus espalda… ¡puro vicio!
Ancha, enorme, parecía no terminar nunca, pero no era uno de esos hombres
doping de gimnasio, era lo suficiente musculoso sin llegar a pasarse, mmmm y un
muy interesante culito prieto. ¡Ya lo veis era un tío 10! ¿Y de alto…? Yo diría que uno ochenta y algo.
Estuvimos los cinco toda la tarde de risas, planeando
el trabajo, asignando las partes, hablando de los profesores y del loco que
siempre se sentaba en la parte final de la cafetería. Lo pasamos bien, después
dijimos de salir a tomar algo, así que al final no llamé a mis amigos para
quedar, pero bueno, tenía toda la tarde de mañana, después de quedar con
Gabriel, claro está.
Llegué a casa y no me apetecía hacer nada, tenía que
pasar unos apuntes al ordenador, recoger mi cuarto y poner algunas camisetas a
lavar, ya que mi madre y yo habíamos acordado que desde que me destiñó una de
mis camisas favoritas, yo me lavaba la ropa, pero ella seguía tendiéndola y
planchándola. Pero la verdad es que no me apetecía hacer nada, aún así saludé a
mis padres, comprobé muy felizmente que mis tíos se habían ido a sus respectivas casas antes de
lo previsto, aunque lo sentí por mi tío Carl, no me importaba que él estuviera
aquí. Después subí a mi cuarto, encendí el ordenador, me puse algo de música,
encendí mis respectivas páginas sociales, contesté privados, comentarios,
comentarios con foto, etc. Puse música y me dispuse a ordenar la habitación,
puse la lavadora y cuando subí me sonaba el móvil: Titanium –David Guetta feat
Sia.
Era Alberto, al parecer tenía tres llamadas perdidas
suyas. No sabía si cogérselo así que me dejó otras dos. Parecía importante,
sino supongo que no insistiría tanto. Pero aún mi cerebro no tenía clara la
respuesta, ¿cogérselo o no cogérselo? Y mientras yo filosofaba al más estilo de
Shakespeare el teléfono dejó de sonar y se quedó completamente mudo durante
unos minutos. Pensé en llamar Alberto, pero deseché esa idea al recordar la
conversación que tuvimos durante nuestro encuentro en la cafetería. Así pues,
abrí el word que tenía con los apuntes, saqué mi archivador y lo puse por la
hoja que me había prestado Cristina de los días que había faltado y “me puse al
lío.”
Veinte minutos después podéis imaginar quién volvió a
insistir en que le cogiera el móvil. Finalmente decidí colgarle y apagarlo. Hoy
no quería saber nada más de él. Me había empachado con sus aires de “hermano
mayor sobreprotector”.
No contento de haberme llamado mil veces y de que le
hubiera colgado y hubiese apagado el móvil, empezó a insistir por el chat del
tuenti. ¡No me lo podía creer! No paraba de leer: -Marta tengo que hablar
contigo. ¡Marta! ¡Marta por favor! Marta no seas cría. ¡Marta tenemos que
hablar! Marta, de verdad, todo esto es serio. Marta sé que estás ahí… ¡bla,
bla, bla y más bla!
No sabía que alguien podía decir tantas veces mi
nombre en tan poco tiempo en una conversación. Así que al final lo apagué por
si se le ocurría empezar con los privados o peor, ¡con comentarios!
Después bajé a cenar, estuve viendo un rato la tele
con mis padres, vimos uno de esos programas-concurso y luego me subí a dormir.
Mañana no me tenía que levantar pronto, pero me apetecía hacerlo, saldría a
correr un rato y luego me pondría con mi parte del trabajo para matar un poco
el tiempo. Estar entretenida era lo que más necesitaba.
Me está gustando bastante la historia, el principio es bastante triste pero ahora se está poniendo muy interesante. Estoy deseando leer lo que pasa con Gabriel. Pero eso lo leeré mañana que me he quedado hasta tarde leyendo todo. Sigue así, tienes un nuevo seguidor :)
ResponderEliminarMuchísimas gracias por el comentario :)
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