lunes, 16 de julio de 2012

Capítulo 2 (Parte 2)


Y con la misma pregunta me desperté sobresaltada al día siguiente. Mi cabeza estaba hecha un caos, casi me daba vueltas la habitación al recordar la conversación de ayer con Gabriel. Necesitaba urgentemente una ducha que despejara mis ideas y centrara mis pensamientos en lo que tenía qué hacer hoy: ir a la universidad, aguantar seis horas a mis profesores, quedar con mis compañeros para empezar el trabajo sobre el arte griego y sus influencias y, si me daba tiempo, ver un rato a mis amigos. Hoy era “juernes” y quería aprovecharlo.
Después de la muerte de mi hermano estuve un tiempo sin salir y, aunque había devuelto algunas llamadas y había quedado con Eli (Elle), mi mejor amiga, todavía tenía que ver al grupo. Además, tenía que hablar con el misterioso Gabriel.
La ducha me sentó bien, despejó mis neuronas y me preparó para mi primera clase: Museografía y museología. La verdad es que era de las más divertidas y el profesor era bastante agradable.
A la hora de comer me encontré con Alberto, estaba ahí, sentado en la cafetería, tomándose un sándwich de pavo y pasando a limpio unos apuntes. Sus penetrantes ojos verdes se adentraban en la hoja de papel, mientras que sus jugosos labios sostenían el emparedado.
Me acerqué a él sigilosamente, intentando que no me escuchara, quería asustarle un poquito.
-¡Buh! –Exclamé de repente.
-¡Oh vaya! ¿Qué tal?
-Bien y ¿tú?
-Pues ya ves, almorzando. ¿Qué tal lo vas llevando? ¿Necesitas otra visita?
-No, gracias. Las cosas se van relajando en casa, mis tíos se irán mañana y no han estado tan pesados últimamente. Parece que tu visita les relajó. Todo parece volver a la normalidad. O bueno… casi todo. –Dije, pensando en mi extraña conversación con Gabriel.
-Me alegro mucho de que las cosas anden mejor en tu vida. No quiero volver a verte mal. Ahora tengo que hacer el papel de tu hermano mayor, así que te cuidaré como tal, hermanita. –Me anunció, mientras me guiñaba un ojo.
-¡Oh! ¿¡Un nuevo hermano!? No sé si estoy preparada para volver a gritarme con alguien todos los días. Jajaja En fin… quería hablarte de un asunto un poco más serio, la verdad.
-Mmmm, ¡claro! Estoy aquí para lo que sea.
-Bueno es sobre… sobre mi hermano. Vosotros erais grandes amigos, ¿verdad?
-Los mejores, ya lo sabes.
-¿Conocías a todos sus amigos?
-Sí, eso creo.
-¿Te habló alguna vez sobre algún lío en el que estuviera metido? ¿Algún asunto relacionado con…? –Y justo en ese momento mi teléfono comenzó a sonar y, estrepitosamente, interrumpió nuestra conversación. Curiosamente era Gabriel. Me dijo que se había pasado por mi casa y que uno de mis tíos, mi tío Carl, más concretamente, le había dado mi número. Que si podía quedar con él mañana para tomar algo y hablar un poco. Le dije que sí, que podríamos quedar por la tarde, a las cinco estaría bien. Él pasaría a recogerme.
-Bueno, ¿qué me ibas a decir?
-Nada, ya… ya da igual. No tiene importancia. Bueno, creo que me voy, se me ha hecho un poco tarde y tengo clase.
-Sí. Si quieres hablar de lo que sea, ya sabes dónde encontrarme.
-¡Claro!
-¡Marta!
-Dime.
-Te digan lo que te digan, tu hermano era un buen tipo que se dejó guiar, solo… solo es eso. Se dejó guiar por malas influencias pero nunca hizo nada. –Me confesó, para mi sorpresa. Al parecer él sabía más de lo que yo me imaginaba de todo esto.
-Alberto, ¿Por qué no me has hablado de nada de eso?
-Marta, hazme caso cuando te digo que ya sabes demasiado. No te acerques a esa gente.
-Pero Alberto, quiero saber qué pasó realmente.
-Marta, tu hermano estaba hasta las cejas de mierda cuando conducía su moto, se estrelló. Bien pudo ser un accidente o un suicidio por todo lo que le rodeaba en ese momento. Pero no hay nada más detrás. No investigues.
-¿Y por qué me dices esto entonces?
-Porque sé lo que crees y, siento ser yo quien te de la noticia pero… las cosas nos son como las quieres ver. Tu hermano se fue con quien no debía, cometió errores, la cagó… pero ¡ya está! Eso es todo. Lo siento por tener que decírtelo y por tener que ser tan duro con todo esto. Sabes que me importas mucho, siempre has sido como mi hermana pequeña. Así que no juegues con un equipo que puede calcinarte en la primera parte del partido.
-No entiendo nada, Alberto. Y sobre todo, no entiendo por qué no le paraste.
-Tu hermano ya era mayorcito para saber lo que hacía.
-Sí, pero tú eras su mejor amigo. Él nunca te hubiera dejado hacer lo que querías.
-¿Y qué te crees, que no intenté pararle? ¿De verdad piensas que no le dije una y otra vez dónde se estaba metiendo?
-Y si sabes todo eso, también sabrás que le debía dinero a unos tipos.
-Sí, me habló del tema. Pero ahí se quedó. Eso no tiene nada que ver con lo que pasó.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-Porque es lo que debe ser. ¡Y ya está! No hay que darle más vueltas a algo que no tiene solución.
-Pues yo creo que sí Alberto, sí que hay que darle vueltas, porque puede que si hubieras irrumpido en sus aventuras y le hubieras maniatado a la silla giratoria de su habitación, ahora mi hermano estaría vivo. Así que, fuera como fuera, aunque sea porque iba hasta las trancas de anfetas, de hachís, de LSD o coca. Esa otra vida que tenía y que nadie de mi familia parecía conocer, fue lo que acabó con mi hermano. Y siento decirte que tengo todo el derecho del mundo a conocer la verdad y a saber ¡por qué cojones decidió meterse a esa mierda! –Dije mientras me iba. No quería escuchar una palabra más. Sabía que Alberto solo intentaba protegerme, pero él no era mi hermano, mi hermano ya no estaba allí, ya no podría volver a culparle de tardar horas en el baño cuando yo tenía que arreglarme corriendo para irme, ya no podría tener discusiones estúpidas por el ordenador, por la tele o por a quien le tocaba limpiar los platos. Nunca más le oiría llegar a las tres de la mañana después de una buena juerga, esas juergas que habían acabado con él, drásticamente.
Yo solo quería conocer la verdad, así que no me giré ni una sola vez mientras Alberto gritaba mi nombre. Seguí hacia delante, con la cabeza bien alta y el ego realmente por los suelos. Creo que en parte le culpaba de todo aquello. Pero tenía buenas razones para hacerlo, eran muy amigos, ¿no podía haberle retenido y haber hecho que dejara todo ese mundillo?
Por la tarde estuve con los de clase planificando el trabajo y qué parte haría cada uno. La verdad es que eran muy divertidos. Cristina era una chica pelirroja, con ojos color miel, nariz pequeña, labios finos y la tez muy blanca. Era de estatura media, sus piernas eran delgadas, largas, resultonas, tenía caderas anchas pero no estaba gordita y un busto bastante sobresaliente a la vista. La verdad es que con un buen escote hasta a una mujer le hubiera costado mirarle a la cara. Maya era morena de piel, con los ojos oscuros como la noche, la nariz chata y unos labios muy gruesos, algo bastante propio de la raza surafricana. Era algo más alta que nosotras dos, posiblemente estaría cerca del metro ochenta, era muy delgadita, lo que mi abuela calificaría como “palillo”, y tenía un busto normal. Las dos se vestían bien, iban a la moda. Vaqueros ceñidos, jerseys de pico o camisetas sobre las que se ponían las típicas chaquetas de punto y pañuelos de diferentes colores, todo a juego con zapatos, bolso y pendientes y, bueno, en el caso de Cris, también si podía con las sombras de los ojos.
Luego estaban los chicos, Lucas y Caleb, Lucas era algo normalito, moreno, tez blanca, ojos oscuros y almendrados, nariz saliente, labios finos y una… llamémosle intento de barba, que la verdad es que no era muy poblada. De estatura media, más bien bajito, muy delgado, también se le podría calificar como “palillo”. Vestía bastante bien, pero demasiado pijo para mi gusto, siempre muy arregladito y pocas veces informal. Y bueno, Caleb era de esos chicos, de esos que te quitan el hipo cuando los ves, que todas las chicas se giran para mirarlos, esa clase de hombres despampanantes que hacen que odies a cada chica que está con ellos porque sabes que tú no tendrías ninguna posibilidad. Pero bueno, ese no era mi caso, más bien al contrario.
Aprovechaba cualquier oportunidad para tirarme los tejos pero yo siempre le rechazaba, no quería ser una de esas que pasaban por su cama y se quedaba en eso. Si tenía algo con él, quería que fuera algo de verdad. Sabía que con la labia que tenía, su inteligencia y sobretodo, su apariencia, podría tener a casi cualquier chica. Pero yo no quería ser una más en la lista, quería ser la única. Por eso por el momento había decidido que como amigos estábamos mejor.
Bueno, como iba diciendo, era uno de esos chicos, ya os lo podéis imaginar, alto, rubio, ojos verdes centelleantes y expresivos, corrijo, enormes ojos verdes centelleantes y expresivos, nariz “Romana” (ya sabéis, como la de Tom Cruise), labios jugosos y carnosos, pero no grandes y repulsivos, (hombres con labios grandes no por favor), sonrisa... puff… tenía esa sonrisa de locura, esa sonrisa de niño que te hace querer regalarle hasta tu casa. Sus hombros eran perfectos, sus espalda… ¡puro vicio! Ancha, enorme, parecía no terminar nunca, pero no era uno de esos hombres doping de gimnasio, era lo suficiente musculoso sin llegar a pasarse, mmmm y un muy interesante culito prieto. ¡Ya lo veis era un tío 10!  ¿Y de alto…? Yo diría que uno ochenta y algo.
Estuvimos los cinco toda la tarde de risas, planeando el trabajo, asignando las partes, hablando de los profesores y del loco que siempre se sentaba en la parte final de la cafetería. Lo pasamos bien, después dijimos de salir a tomar algo, así que al final no llamé a mis amigos para quedar, pero bueno, tenía toda la tarde de mañana, después de quedar con Gabriel, claro está.
Llegué a casa y no me apetecía hacer nada, tenía que pasar unos apuntes al ordenador, recoger mi cuarto y poner algunas camisetas a lavar, ya que mi madre y yo habíamos acordado que desde que me destiñó una de mis camisas favoritas, yo me lavaba la ropa, pero ella seguía tendiéndola y planchándola. Pero la verdad es que no me apetecía hacer nada, aún así saludé a mis padres, comprobé muy felizmente que mis tíos  se habían ido a sus respectivas casas antes de lo previsto, aunque lo sentí por mi tío Carl, no me importaba que él estuviera aquí. Después subí a mi cuarto, encendí el ordenador, me puse algo de música, encendí mis respectivas páginas sociales, contesté privados, comentarios, comentarios con foto, etc. Puse música y me dispuse a ordenar la habitación, puse la lavadora y cuando subí me sonaba el móvil: Titanium –David Guetta feat Sia.
Era Alberto, al parecer tenía tres llamadas perdidas suyas. No sabía si cogérselo así que me dejó otras dos. Parecía importante, sino supongo que no insistiría tanto. Pero aún mi cerebro no tenía clara la respuesta, ¿cogérselo o no cogérselo? Y mientras yo filosofaba al más estilo de Shakespeare el teléfono dejó de sonar y se quedó completamente mudo durante unos minutos. Pensé en llamar Alberto, pero deseché esa idea al recordar la conversación que tuvimos durante nuestro encuentro en la cafetería. Así pues, abrí el word que tenía con los apuntes, saqué mi archivador y lo puse por la hoja que me había prestado Cristina de los días que había faltado y “me puse al lío.”
Veinte minutos después podéis imaginar quién volvió a insistir en que le cogiera el móvil. Finalmente decidí colgarle y apagarlo. Hoy no quería saber nada más de él. Me había empachado con sus aires de “hermano mayor sobreprotector”.
No contento de haberme llamado mil veces y de que le hubiera colgado y hubiese apagado el móvil, empezó a insistir por el chat del tuenti. ¡No me lo podía creer! No paraba de leer: -Marta tengo que hablar contigo. ¡Marta! ¡Marta por favor! Marta no seas cría. ¡Marta tenemos que hablar! Marta, de verdad, todo esto es serio. Marta sé que estás ahí… ¡bla, bla, bla y más bla!
No sabía que alguien podía decir tantas veces mi nombre en tan poco tiempo en una conversación. Así que al final lo apagué por si se le ocurría empezar con los privados o peor, ¡con comentarios!
Después bajé a cenar, estuve viendo un rato la tele con mis padres, vimos uno de esos programas-concurso y luego me subí a dormir. Mañana no me tenía que levantar pronto, pero me apetecía hacerlo, saldría a correr un rato y luego me pondría con mi parte del trabajo para matar un poco el tiempo. Estar entretenida era lo que más necesitaba.

2 comentarios:

  1. Me está gustando bastante la historia, el principio es bastante triste pero ahora se está poniendo muy interesante. Estoy deseando leer lo que pasa con Gabriel. Pero eso lo leeré mañana que me he quedado hasta tarde leyendo todo. Sigue así, tienes un nuevo seguidor :)

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