Y allí estaba yo, echa un manojo de nervios y mirando cada
segundo que pasaba el reloj. Esperando a que el autobús llegara y te trajera
con él. Esperando a que bajaras y me sonrieras, que me demostraras con aquella
sonrisa que aún te importaba.
El papel requetedoblado y medio arrugado que sostenía en mi
mano eran todas mis confesiones, todos mis sentimientos intentados expresar en
la última carta que te escribiría.
Entonces llegaste, bajaste del bus y me miraste sorprendido.
Nerviosa emití un saludo:
-¡Hola! –Y sonreí sin saber muy bien por qué. Tus fríos ojos
se clavaron en mí, sorprendidos.
+¿Qué haces aquí? –Preguntaste tan frío como siempre.
-Pues nada, esperándote. –Conseguí decir. Me levanté y
caminé a tu lado. No dijimos nada. Ya sabías lo que se pasaba por mi mente en
aquel momento y preferiste obviarlo, dejar que las cosas sucedieran aunque solo
tú tenías la respuesta.
-He venido a darte esto. –Le entregué la carta aún
temblando. –No digas nada, solo quiero que las leas.-Y él cogió la carta en la
que le expresaba todas mis dudas y deseos. Mientras caminábamos, silenciados
por la tensión del momento. Solo podía pensar: ¡ojala no hubieras quedado con
ella aquel viernes!
No tuvimos nada más que decir. Cada uno siguió su camino,
como siempre había pasado.
Al día siguiente llegaste mientras yo ya esperaba el bus, me
miraste sin pronunciar palabra. Ese día fue el único que olvidaste ser un cabrón
y respetaste el silencio, mi dolor, las lágrimas que hervían en mi interior.
Yo no quería ni si quiera mirarte, pronunciar palabra, aunque
en realidad lo que más deseaba era abrazarte, besarte, llorar en tu hombro y
que me estrechases con todas tus fuerzas mientras me agarrabas por la cintura.
Pero eso nunca sucedería y tal como pasó, nunca sucedió.
Yo no dejaba de pensar en esas últimas palabras que te
dediqué: Esto no será como las demás veces en las que te reías de mí, en las
que me decías que me querías y al día siguiente me mandabas a la mierda, porque
esta vez tendrás que verme. Tendrás que ver como lloro o como estoy triste y
sabrás que es por ti.
Y así fue, lo viste, lo viste una y otra vez y no hiciste
absolutamente nada, pero hubo un pequeño detalle que por primera vez me demostró
que tenías sentimientos: tu cara.
Nunca había visto esos inmensos y fríos ojos azules tan
perdidos, vacíos, sin expresar rabia, ni niñería, ni estupidez, ni superioridad
ni felicidad, simplemente, vacíos. Ese día parecías mostrar más de lo que nunca
habías mostrado y solo fue con tus ojos, tus fríos y azules ojos.
Por eso es mejor decir las cosas frente a frente para ver la verdadera reacción de las personas.
ResponderEliminarUn beso. :3
Hay personas con las que es muy difícil entablar una conversación jaja
EliminarMe ha gustado bastante, acabo de ver tu blog y esta entrada me encanta.. Pero de que trata exactamente? :D
ResponderEliminarGracias :) Pues trata de una chica a la que le gusta un chico y decide confesarle sus sentimientos, pero él no siente lo mismo. Además él es un poco crío y siempre le hace daño pero esa vez tiene que enfrentarse a los sentimientos de la chica y a la posibilidad de que ella llore por él delante de sus ojos.
Eliminarme gusta un monton la entrada en serio la forma de definirlo todo es muy buena la verdad!! *-*
ResponderEliminarMuchas gracias :)
EliminarUna entrada preciosa. Has sabido describir a la perfección esa mezcla de sentimientos, provocando al lector que sienta lo mismo mientras lee tu entrada.
ResponderEliminarPerfecto :)
Me encantaaaaaaaaaaa!
ResponderEliminar