miércoles, 21 de marzo de 2012

Escape

A veces necesito escapar de todo, porque esta realidad que vivo es demasiado agobiante.
A veces incluso desearía tener un mundo paralelo al que apartarme cuando las cosas no salgan bien en este, y cuando no quiera escuchar palabras absurdas e insignificantes de las personas que me rodean.
A veces desearía escapar, huir de verdad, dejar una nota y no volver nunca. Coger un avión hacia Italia y buscarme la vida allí, aunque sea mendigando.
A veces, esas veces me doy miedo, porque creo que realmente lo haría.
Me gustaría ser menos cerebral, pensar menos en las consecuencias y tirarme a la piscina de cabeza, aunque esté vacía. Romperme la crisma al golpearme con el fondo.
Pero saltar, saltar desde lo alto del Empire State, bajar andando uno a uno los 1662 escalones de la torre Eiffel y llegar a bajo y decir: What happens?
Me encantaría meterme en pleno invierno en la Fontana de Trevi para sentir que estoy viva, que sigo aquí.
Abandonarlo todo, todo lo que empecé en octubre de 1993 y coger una nueva salida. Olvidarme de todo el mundo que me ata a este lugar que hace tiempo carece de sentido para mí.
¡Y no es mi culpa! No, de verdad, no lo es. Es culpa del mundo, que cambia a su antojo y me arrastra con él.
Tengo muchas cosas que no pedí tener, otras que quise, que ansié y ahora parece que me sobran, y otras que desearía poseer con todas mis fuerzas y están lejos de mi alcance.
De verdad que no soy yo, tampoco tú, gente que me rodea. Es este mundo que me agobia y me encadena, me hace presa de mis pensamientos, de sus emociones, de sus vicios y del estrés.
Quisiera tomarme un año, un año para viajar, para alejarme de todo y verlo con distancia, ver este mundo que me presiona a avanzar, a ser algo que no quiero ser o que todavía no estoy preparada para afrontar.
De verdad que, me encantaría no tener ninguna preocupación mañana, tener amnesia y no conocer a nadie, tener la oportunidad de empezar de cero mi camino y hacer nuevos amigos.
Nueva gente, nuevo lugar, nuevo cuerpo, nueva vida. Ese es el lema que entono a veces.
Me doy miedo a mí misma, miedo porque desde hace meses siento que no soy parte de nada, que todo lo que vivo, sueño, como, creo o pienso, no es nada.
Es solo eso: LA MÁS MÍSERA NADA.
No quiero afrontarlo, pero me siento así. No me siento parte de esta España.
Hace tiempo que camino por aquí, doy una vuelta, miro a mi alrededor y…solo siento nostalgia. No encuentro mi pueblo como era antes, no encuentro a las demás personas iguales. Lo único que recuerdo, lo único que veo igual, de la misma forma, es mi habitación. Ella no cambia como el resto del mundo, cambia conmigo, se mueve a la misma velocidad, no me acelera, ni me atrasa, ni me pide algo imposible. Y cuando estoy sola, siento que ella es la única que me entiende.
Ya no soy de aquí, te diré si me preguntas. Tal vez nunca lo fui, nunca encontré mi lugar y siempre me engañaron.
Siempre me hicieron pensar que lo mejor para mí era estar aquí, pero, si no me siento parte de este sitio, ¿quién puede asegurarme que mi destino, dadas las circunstancias, es permanecer aquí mañana?
Y no puede ser verdad, no puede. No puedo pensar en irme, sin más. Una nota y hasta luego. No puedo coger las maletas esta noche, salir a hurtadillas y simplemente coger un avión.
Pero ojalá pudiera, ojalá tuviera la posibilidad de escabullirme durante un tiempo y volver y que no hubiera pasado ni un solo segundo, que las cosas estuvieran igual, donde lo dejé. Pero yo con mi mente aclarada, no extasiada de información innecesaria. Con la idea de volver a pertenecer a este lugar, de ser parte de esas personas que me rodean y, sentirme como ellas, una pequeña parte estúpida de este enorme universo que nos engloba y nos hace trizas.
Pero realmente ellos no se sientes así, no lo hacen, hacen sus vidas sin pensar en nadie más, sin darse cuenta de que somos marionetas de los altos mandos.
Mientras ellos duermen, yo me río en sueños a carcajadas. Esa, esa es mi forma de escapar, la onírica, la que me lleva a donde quiero y puedo hacer lo que me apetezca sin miedo a qué pasará mañana. Y eso no es la perfección.
No, he descubierto que no es que sea soñolienta y me encante tumbarme en la cama sin hacer nada durante horas. Hoy he descubierto que si lo hago es porque… es mi única forma de escapar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario