Como bien León Felipe dijo una vez: “Geográficamente, sin embargo, ya no cae en la misma latitud. Ahora mi patria está donde se encuentra aquel pájaro luminoso que vivió hace ya tiempo en mi heredad.”
Y, ¿no es cierto esto también ahora? Quiero decir, León Felipe escribió esto cuando se rondaban lo años cuarenta.
Como bien dice en su obra “Ganarás la luz”, gritó, cantó y llamó a aquel pájaro huidizo. Aquel pájaro que simboliza la libertad y, ¿a caso nosotros no queremos eso?
Podréis pensar: Esto no es verdad, vivimos en una democracia donde elegimos a nuestros líderes. Pero no es cierto.
Una vez las encuestas han acertado y los votos se han terminado de contar, empieza la verdad.
Año tras año hemos visto como nos han sucedido una serie de líderes, algunos mejores y otros peores que, al fin y al cabo, han hecho con nuestro país, el que nosotros construimos de la nada, lo que ellos han querido.
Una vez Marx entornó unas palabras que sonaban así: El poder está y reside únicamente en el pueblo. Él creía en la lucha de clases, pero sobre todo en la igualdad, en que el opresor y el oprimido se enfrentaran por los derechos de este último, y este consiguiera su bien más ansiado: la libertad.
Porque no siempre se es libre por no llevar unos grilletes atados a los pies.
Libertad es poder expresarse sin miedo a que te echen de tu puesto de trabajo, libertad es poder quedarse embarazada sin miedo a un juicio moral de una sociedad denigrante, y a tener que pasar el resto de tus días en la lista del paro.
Libertad es mucho más que una constitución que debería haber sido actualizada hace años, es luchar por los derechos de cada ciudadano, levantarse en masas como lo hemos visto durante todo el año pasado y parte de este.
Libertad es luchar porque el detractor no se salga con la suya.
Por eso yo, ahora, con mis 18 primaveras, tal vez más consciente que aquellos que empuñan la vara del poder, os animo a que alcéis las manos, os unáis en nuestra guerra, que os pintéis las manos de verde esperanza. ¡Salir a la calle, ahora! Levantar a vuestros hijos, explicarles lo que pasa, que queréis un mundo mejor para ellos, las injusticias que se están cometiendo e iros. Hacer lo que hicieron nuestros antepasados durante la Guerra Civil y salir con las cacerolas a la calle a protestar. Esta vez la calle será nuestra, no de nuestros líderes.
Aunque estemos intentando demostrar que no nos dejamos doblegar, aún no han tenido suficiente. Mandemos un tren metafórico que destruya la Moncloa como hizo una vez V, extendamos su lema, cuando decía: "Recuerda, recuerda, el cinco de noviembre, el complot de la pólvora y la confabulación. No existe motivo para el olvido de la pólvora y la traición", aludiendo a Guy Fawkes.
¡Venga, vamos! ¡Es ahora o nunca! No dejéis que destruyan nuestro país, aquel, que fue tan grande y se alzó sobre la victoria en tantos combates, aquel que descubrió ese continente que se iza ante nosotros recordándonos que no perdió la guerra y que, ha salido airoso de la crisis.
Cojamos 50 estrellas y demostrémosle al mundo cuál es nuestra bandera, ridiculicemos a los oficiales armados con discursos fascinantes que se sientan en el Senado.
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