Viajando en un tren, ninguna dirección a seguir, ¿el
objetivo? Perderme en la profundidad de tu mirada, volverme loca en tus
pisadas, caminar entre la locura y el miedo, pasear entre tus dedos, tocarte
con el alma, quemarme con el sonido de tu voz, escuchar tu llegada desde la
otra habitación.
Miro el bonito paisaje deslumbrante desde la ventana, que
son tus ojos. Un campo en su feliz primavera ocupa toda la pradera, las flores
rojas resplandecen todas, entre girasoles de colores. En una gran fuente beben
dos chicos, se miran descaradamente, se cogen la mano con disimulo, aparentando
una falsa amistad, escondiendo una pasión prohibida, un amor mal visto. Se
sonríen y uno de ellos no puede evitar derramar una lágrima que crea una yaga
difícil de borrar, una marca de un amor honrado que no sabrá superar, que
recordará con el paso del tiempo y en cada lamento. Él es, su primer amor.
Es una pena que delante de la bella escena haya una fábrica
derruida, descosida, triste, compungida, temerosa, gris; desganada por los
años, por los malos pasos dados, por la tristeza de los desengaños, de un amor
falso que quedó en nada, de los despojos del ayer.
La fábrica lucha por sobrevivir, por seguir adelante. Pero
sus pilares antes intactos, ahora están desquebrajados y ni una sola tubería,
ni un solo bloque de hormigón, podría aguantar el peso humano. Pues la lluvia y
el granizo ya se hacen difíciles de soportar.
Llaman a la puerta, me acerco nerviosa, miro por la
mirrilla, me emociono. Sonrío mientras me atuso el pelo, me apechugo el pecho,
retoco los labios y me coloco la bata.
Abro haciéndome la interesante, emito un hola
desconsiderado, le miro de arriba a bajo. Es tan perfecto y elegante, la belleza
se respira en el ambiente cuando llega a una habitación. Su túnica negra ondea
a causa del viento.
-Eres incluso mejor de cómo te esperaba. He estado tan ciega
durante estos años alejándome de tu presencia, y ahora que te veo… ¡tan puro! ¡Tan
tierno! No entiendo los pesares de este tiempo.
-No tenías por qué estar triste, estas cosas simplemente
pasan. ¿Me dejas entrar? Preciso de tu confirmación.
-¡Claro! Estoy preparada.
Se acerca a mí y siento un dolor punzante en el pecho, una
huracanada de aire frío me invade y entra en mis pulmones.
Me coge por la cintura fuertemente, por un momento dudo y no
sé si frenarle, pero entonces pienso en todo aquello que me ha hecho llegar
hasta aquí y me dejo poseer por sus labios pintados de negro, que me hacen
saborear mi vida por primera vez, en un solo segundo, en un único instante.
Su aliento me arranca la respiración, me la arrebata, me
destroza y me desbasta por dentro, y a la vez, me libera de la presión de un
cuerpo que ya hace años que es inerte.
Me desvanezco y caigo ante sus pies, mi cara toma un tono
anacarado, más incluso que el de la nieve, mis huesos se descosen con la caída
de mi cuerpo, parecen haberse roto todos en el mismo instante. El dolor es aún
mayor que el producido por el cuchillo que tengo clavado en el costado
izquierdo. Me desquebrajo, me desgarro, pero sonrío, me emociono de felicidad y
recuerdo el momento justo en el que decidí clavarme un puñal, y elegir así el
momento exacto de mi muerte, harta de que la poderosa e inevitable, me
estuviese acechando constantemente en esta enfermedad que tengo, tan
desconocida por esos que se hacen llamar médicos.
Recuerdo que estaba absorta en mis pensamientos mientras me
daba un baño, y de repente vislumbré la daga familiar colgada en el pasillo, por
un momento vi en ella mi solución y creí volverme loca. Sin embargo, tras
disfrutar del cálido agua y salir al pasillo, lo vi todo más claro. Cogí la daga, bajé
las escaleras, fui a la cocina y me senté en la banqueta, y, mientras clavaba
la daga en mi costado, me dispuse a mirar mi último paisaje que, siendo tan ridículo
y vacuo, me hizo entrar en un estado psicodélico o…tal vez fue el dolor de la herida. Fuese lo que fuese me ayudó por un instante a imaginar el paisaje más
bello visto jamás, y lo pude contemplar hasta que la omnipresente, la todo
poderosa, la que todo lo ve y sabe, la muerte, llamó a mi puerta para llevarme; y ahora, por vez primera puedo mirar más allá de la monstruosidad de su rostro
desgarrado y oscuro, y encontrar la ilusión que nunca sentí, y es ahora que
muero, cuando de verdad puedo decir, que me he sentido viva.
aaaah me encanta en serio me encanta >_< me lo he leido como dos veces y me sige encantando!!!
ResponderEliminarMuchísimas gracias:) Estas cosas me animan de verdad.
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