martes, 28 de agosto de 2012

Y es ahora cuando me siento viva


Viajando en un tren, ninguna dirección a seguir, ¿el objetivo? Perderme en la profundidad de tu mirada, volverme loca en tus pisadas, caminar entre la locura y el miedo, pasear entre tus dedos, tocarte con el alma, quemarme con el sonido de tu voz, escuchar tu llegada desde la otra habitación.

Miro el bonito paisaje deslumbrante desde la ventana, que son tus ojos. Un campo en su feliz primavera ocupa toda la pradera, las flores rojas resplandecen todas, entre girasoles de colores. En una gran fuente beben dos chicos, se miran descaradamente, se cogen la mano con disimulo, aparentando una falsa amistad, escondiendo una pasión prohibida, un amor mal visto. Se sonríen y uno de ellos no puede evitar derramar una lágrima que crea una yaga difícil de borrar, una marca de un amor honrado que no sabrá superar, que recordará con el paso del tiempo y en cada lamento. Él es, su primer amor.
Es una pena que delante de la bella escena haya una fábrica derruida, descosida, triste, compungida, temerosa, gris; desganada por los años, por los malos pasos dados, por la tristeza de los desengaños, de un amor falso que quedó en nada, de los despojos del ayer.
La fábrica lucha por sobrevivir, por seguir adelante. Pero sus pilares antes intactos, ahora están desquebrajados y ni una sola tubería, ni un solo bloque de hormigón, podría aguantar el peso humano. Pues la lluvia y el granizo ya se hacen difíciles de soportar.

Llaman a la puerta, me acerco nerviosa, miro por la mirrilla, me emociono. Sonrío mientras me atuso el pelo, me apechugo el pecho, retoco los labios y me coloco la bata.
Abro haciéndome la interesante, emito un hola desconsiderado, le miro de arriba a bajo. Es tan perfecto y elegante, la belleza se respira en el ambiente cuando llega a una habitación. Su túnica negra ondea a causa del viento.
-Eres incluso mejor de cómo te esperaba. He estado tan ciega durante estos años alejándome de tu presencia, y ahora que te veo… ¡tan puro! ¡Tan tierno! No entiendo los pesares de este tiempo.
-No tenías por qué estar triste, estas cosas simplemente pasan. ¿Me dejas entrar? Preciso de tu confirmación.
-¡Claro! Estoy preparada.
Se acerca a mí y siento un dolor punzante en el pecho, una huracanada de aire frío me invade y entra en mis pulmones.
Me coge por la cintura fuertemente, por un momento dudo y no sé si frenarle, pero entonces pienso en todo aquello que me ha hecho llegar hasta aquí y me dejo poseer por sus labios pintados de negro, que me hacen saborear mi vida por primera vez, en un solo segundo, en un único instante.
Su aliento me arranca la respiración, me la arrebata, me destroza y me desbasta por dentro, y a la vez, me libera de la presión de un cuerpo que ya hace años que es inerte.
Me desvanezco y caigo ante sus pies, mi cara toma un tono anacarado, más incluso que el de la nieve, mis huesos se descosen con la caída de mi cuerpo, parecen haberse roto todos en el mismo instante. El dolor es aún mayor que el producido por el cuchillo que tengo clavado en el costado izquierdo. Me desquebrajo, me desgarro, pero sonrío, me emociono de felicidad y recuerdo el momento justo en el que decidí clavarme un puñal, y elegir así el momento exacto de mi muerte, harta de que la poderosa e inevitable, me estuviese acechando constantemente en esta enfermedad que tengo, tan desconocida por esos que se hacen llamar médicos.
Recuerdo que estaba absorta en mis pensamientos mientras me daba un baño, y de repente vislumbré la daga familiar colgada en el pasillo, por un momento vi en ella mi solución y creí volverme loca. Sin embargo, tras disfrutar del cálido agua y salir al pasillo, lo vi todo más claro. Cogí la daga, bajé las escaleras, fui a la cocina y me senté en la banqueta, y, mientras clavaba la daga en mi costado, me dispuse a mirar mi último paisaje que, siendo tan ridículo y vacuo, me hizo entrar en un estado psicodélico o…tal vez fue el dolor de la herida. Fuese lo que fuese me ayudó por un instante a imaginar el paisaje más bello visto jamás, y lo pude contemplar hasta que la omnipresente, la todo poderosa, la que todo lo ve y sabe, la muerte, llamó a mi puerta para llevarme; y ahora, por vez primera puedo mirar más allá de la monstruosidad de su rostro desgarrado y oscuro, y encontrar la ilusión que nunca sentí, y es ahora que muero, cuando de verdad puedo decir, que me he sentido viva.

2 comentarios:

  1. aaaah me encanta en serio me encanta >_< me lo he leido como dos veces y me sige encantando!!!

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